Restauración de iglesias chilotas declaradas Patrimonio de la Humanidad está paralizada

Dos de las 16, Ichuac y Detif, tienen una condición crítica, con riesgo de colapso y afirmadas con puntales: Seis fueron reconstruidas y siete tienen trabajos parciales, pero la fundación a cargo de las obras ya no tiene recursos. Fieles quieren recuperar autonomía para mantenerlas.

“Se cae a pedazos. Literalmente”, afirma entre resignado e impotente Omar Nahuel, presidente del Comité de Restauración de la Iglesia de Ichuac, uno de los 16 templos católicos de la Escuela de Carpintería Chilota en madera reconocidas en 2000 por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

“Por dentro y por fuera -reafirma Nahuel-, con cada ventarrón pierde tejuelas que se sueltan por los clavos oxidados y el agua pudrió los cielos rasos, mojó vigas y tiene el piso completamente destruido, peligroso”, detalla sin poder conformarse con la crítica condición de su amada capilla, situada en la isla Lemuy, al este de Chonchi.

A pocos kilómetros, en la misma isla, está la capilla de Detif, cuyo pórtico está bloqueado por ocho varas que sirven de puntal para soportar el peso de la torre campanario, y el acceso es por un costado. “Tuvieron que bajar las campanas por el grave riesgo”, cuenta Griselda Michapichún, presidenta del Comité de la Iglesia. “Se cayó la cruceta con una tempestad grande. Vinieron los de la Unesco a poner esos palos, para que no se caiga”, relata.

De los 16 templos patrimoniales, seis están reconstruidos, otros siete recibieron intervenciones parciales (entre ellas, Ichuac) y de los tres restantes, Detif tiene evidente riesgo de desplome.

Hasta la última reconstrucción -la capilla de Chelín-, los trabajos los ejecutó la Fundación Amigos de las Iglesias de Chiloé (FAICh), que funciona bajo el alero del Obispado de Ancud. Pero el propio monseñor Juan María Agurto, obispo de la diócesis, reconoce que “las restauraciones están paralizadas. No hay nada en obra”.

De hecho, tienen una dotación de cinco personas, sin arquitecto. “Se van a hacer arreglos mínimos de emergencia. (…) Estamos esperando respuesta de las autoridades. Las construcciones necesitan mantenimiento permanente, en especial las que no han sido restauradas”, explica.

Aunque hay un compromiso del Estado de Chile con Unesco, de preservar este patrimonio, el propio intendente de Los Lagos, Leonardo de la Prida, reconoce que “hay un sinnúmero de necesidades” en la región, pero asegura que “estamos cumpliendo: hemos invertido más de $7 mil millones en las últimas intervenciones”. Subraya que estuvo en la inauguración de Chelín, “que quedó muy bonita, pero me han dicho que no ha vuelto a haber misa”.

Distinta es la situación de Ichuac. “En la última misa, hace poco más de una semana, llovía más adentro que afuera, así es que le estamos pidiendo a la gente que venga con paraguas. Y compramos plástico para proteger nuestras imágenes”, explica Nahuel, mientras muestra una manga de grueso polietileno.

“Tenemos que advertir a las personas del riesgo y tuvimos que clausurar el pórtico. No va a pasar otro invierno”, advierte Griselda respecto del templo de Detif. Coincide con Omar en que desde que las iglesias son patrimonio, las comunidades perdieron la posibilidad de mantenerlas como lo hicieron por más de 200 años, con mingas y trabajo comunitario.

“Ahora no podemos poner ni un clavo ni cambiar un vidrio sin permiso del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN)”, dice Griselda, “lo que solo hace que se vayan deteriorando más”. Omar cuenta que funcionaba un comité permanente de restauración y cada año, “teníamos campaña techo. Juntábamos plata, hacíamos beneficios, comprábamos madera y, en minga, íbamos cambiando el techo por sectores. Y así se mantenían. Los tijerales son los originales, tienen 120 años”.

Nahuel dice que “en dos ocasiones vinieron autoridades aquí a decirnos que estaba listo el proyecto, las platas asignadas, pero que faltaban antecedentes administrativos que tenía que aportar la fundación, y nada”. Patricia Mondaca, coordinadora del Comité de Patrimonio de la delegación Chiloé del Colegio de Arquitectos, avala a Nahuel. “Efectivamente, tuvo proyecto y presupuesto asignado”, recuerda.

“Tienen que reactivar el proceso, ya. La madera no espera, si tenía xilófagos y se mojó, es cuestión de tiempo, poco”, advierte. “Y el único que tiene permiso de restaurar es la fundación, o sea, el obispado. ¿Quién más lo va a hacer? Tiene la experiencia. Pero hay que preguntarles a ellos cuáles han priorizado”.

 

Por Soledad Neira Farías.

Fuente: El Mercurio