Hoy nos reunimos aquí celebrando los 84 años del Colegio de Arquitectos de Chile, una institución que ha acompañado la historia del país y que, generación tras generación, ha reunido a quienes han elegido la arquitectura como vocación, como oficio y como forma de servicio a la sociedad.
En estos 84 años, miles de arquitectas y arquitectos han pasado por este Colegio, dejando en él, sus ideas, sus debates, sus convicciones, sus esperanzas y su compromiso con Chile.
Cada generación ha recibido una herencia y, al mismo tiempo, ha tenido la responsabilidad de ampliarla, renovarla y entregarla a quienes vendrán.
Esta noche rendimos homenaje a todas y todos ellos.
A quienes abrieron caminos cuando la arquitectura chilena comenzaba a consolidarse. A quienes defendieron la dignidad de la profesión. A quienes enseñaron, investigaron, proyectaron, construyeron y trabajaron incansablemente para que nuestras ciudades y territorios fueran mejores lugares para vivir.
Algunas y algunos han alcanzado un reconocimiento que ha trascendido nuestras fronteras, como Alejandro Aravena y Smiljan Radić, con quienes tenemos la alegría de contar esta noche entre nosotros.
Sus trayectorias son motivo de orgullo para toda la arquitectura chilena y representan la capacidad de nuestro país para aportar al mundo pensamiento, creatividad, rigor y sensibilidad.
Pero este homenaje no estaría completo si no celebráramos también a las miles de arquitectas y arquitectos cuya labor se ha desarrollado lejos de los grandes titulares y de los reconocimientos públicos.
Profesionales que, con una pasión silenciosa, han trabajado en cada rincón de nuestro territorio, muchas veces sin buscar otra recompensa que la satisfacción de haber contribuido a mejorar la vida de otros.
A quienes proyectaron la casa donde una familia construyó su historia;
la escuela donde generaciones aprendieron a leer; el hospital, el consultorio, la plaza, el edificio público, la vivienda social,
el pequeño comercio y tantos otros espacios que forman parte de la memoria cotidiana de nuestro país.
Porque, en definitiva, la arquitectura consiste en construir los escenarios donde transcurre la existencia humana.
A lo largo de la historia hemos transitado desde la paja, la madera, la tierra, la piedra, el acero, el cristal hasta hoy con los bytes y los algoritmos de la inteligencia artificial.
Hemos dibujado sobre la arcilla, sobre el papel y en las pantallas. Hemos aprendido a construir con nuevos materiales y a imaginar con nuevas tecnologías.
Mañana, sin duda, proyectaremos con herramientas que hoy apenas alcanzamos a imaginar.
Pero ninguna innovación reemplazará la pregunta esencial que acompaña a nuestra profesión: ¿Cómo queremos vivir juntos?
Porque mientras exista un ser humano buscando un lugar donde habitar, existirá la arquitectura.
El Colegio de Arquitectos de Chile, es y será mucho más que una organización profesional. Es una casa común. Es un espacio de encuentro, de reflexión y de compromiso.
Es la expresión de una comunidad que, con legítimas diferencias, comparte una convicción profunda: que la arquitectura en toda su extensión puede contribuir a construir un país más justo, más digno, más bello y más humano.
Feliz aniversario al Colegio de Arquitectos de Chile.
Rodolfo Jiménez Cavieres
Presidente nacional
Colegio de Arquitectos de Chile