**Esta columna de opinión fue publicada en Negocio & Construcción en su edición de febrero de 2026
El país envejece y deja de tener hijos. La tasa global de fecundidad ronda 1,1 hijos por mujer, una de las más bajas del mundo, mientras los hogares unipersonales o de parejas sin hijos ya representan más del 30% del total.
Este nuevo Chile demográfico obliga a repensar qué y para quién se construye. La industria inmobiliaria ha girado por décadas en torno a la familia tipo: tres dormitorios, un baño, expansión suburbana. Pero ese modelo se agota.
En los estratos medios y altos, donde la baja natalidad es más aguda, crece la demanda por viviendas pequeñas, bien ubicadas, conectadas a servicios, diseñadas para la flexibilidad y la vida adulta sin hijos.
La proximidad, la calidad espacial, la adaptabilidad y el confort urbano reemplazan al metraje como indicador de valor.
Simultáneamente, emerge un mercado aún subatendido: el de los adultos mayores.
Para 2050, un tercio de la población tendrá más de 60 años. El país requerirá miles de viviendas accesibles, adaptadas, seguras y bien conectadas para envejecer en comunidad.
El cohousing senior, los condominios con servicios compartidos y las unidades integradas a redes de cuidados pueden ofrecer una solución real, si el sector inmobiliario logra anticipar la demanda y las políticas públicas la hacen viable.
Pero no todos envejecen igual. En los sectores medios y bajos, la natalidad también cae, pero persisten las dificultades estructurales de acceso a la vivienda.
Las políticas públicas deben pasar del enfoque de subsidio de entrada al de permanencia y calidad: mejorar viviendas existentes, adaptarlas para personas mayores, ampliar la cobertura de viviendas tuteladas y garantizar conectividad y servicios de salud en los barrios vulnerables.
La vivienda digna ya no es solo un techo: es infraestructura social para envejecer con autonomía y apoyo.
Chile cambió. La demanda habitacional ya no se mide solo en metros cuadrados ni en dormitorios para hijos que no llegan. Se mide en cómo vivimos, envejecemos y nos cuidamos.
La construcción, pública y privada, tiene la oportunidad de dejar atrás el piloto automático y construir con sentido de futuro. Más que nunca, es momento de edificar comunidades, no solo estructuras.
Rodolfo Jiménez Cavieres
Presidente nacional del Colegio de Arquitectos de Chile
Ex Decano de la Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido de la USACH
